Saturday, January 21, 2017

Mensajes [8.8 misoginias]



Por Jeremías Martell


Un mensaje corto fue lo que alertó de lo que pronto sucedería.

“¿Qué hiciste… la matates?”

Verdaderamente no entendía a lo que se refería. Desde que vivía en el exilio había perdido contacto con las personas que en algún momento llame “amigos”. Más importante, todos aquellos con los que no tenía ningún vínculo afectivo  ya no eran importantes. Eran fantasmas del pasado.

El mensaje era en tono de sarcasmo y mofa. Mi amiga sabia de la relación. Sabia cuan tormentosa había sido. De cómo el amor se había convertido en desprecio, rencor y odio.

No le hice mucho caso a ese mensaje. Verdaderamente la había sacado de mi vida. Habían pasado años desde que había sabido algo de ella. Casi todas mis amistades habían respetado mi deseo de no saber de ella.

Un día más tarde recibí un segundo mensaje. Igual de corto de otra persona que nos conocía.

“¿Sabes lo que le paso a ella?”

Mi reacción fue una de elación. Aunque no sabía que fue lo que había pasado. El prospecto de saber que alguien a quien odiaba pasaba penurias me alegraba el alma. Era algo trágico. Mensajes como estos sólo eran presagios de malas nuevas. No serian para mí.

Otro día pasó… y nadie más me enviaba información. Fui quien directamente le preguntó a una tercera persona.

“Qué le pasó…”

“Ella murió…”

El mensaje continuaba dando escuetos detalles de cómo el esposo la había encontrado muerta…  eso ya no importaba. A mí no importaba. Estaba muerta. Vería su tumba.

El gozo en el alma que sentí era inmensurable. Durante días el emborrachamiento de felicidad nublaba mis sentidos. No podía dejar de sonreír. De bailar. De compartir la alegría que sentía. 

Había ganado… Ella ya no sería de nadie más.

Saturday, December 17, 2016

La Niña en la Foto [8.7 misoginias]



Por Jeremías Martell


Entre cartas viejas encontré una fotografía. Maltratada con las esquinas dañadas. Sus colores ya no eran tan brillantes como en algún momento fueron.

Encontrar la foto no era sorpresa. Sabía que estaba allí. La había guardado entre esas cartas. Era mi cofre de conquistas, odios y amores. Recuerdos de muchas mujeres.

La foto era de una niña. Sonriente. Vestida de color rosado.

En sus ojos brillaba lo que sólo podría asumir era la inocencia. La que tienen todos los niños que aún no se ha enfrentado a la realidad de la vida. La inocencia que todo padre intenta preservar… esa inocencia no la conocí…

Cuando la conocí ya era una mujer. Joven y un poco alocada. De esas mujeres que te hacen sonreír de sólo mirarlas. La niña que estaba en esa foto ya no existía.

Esa foto la obtuve a pesar de sus protestas. Ella no quería que viera su foto. Mucho menos que me quedara con ella. Fui a su casa.  Su madre fue muy amable y su hermano se convirtió en mi amigo casi de inmediato.  Mientras la madre me enseñaba muy orgullosa las fotos familiares,  vi a la niña de vestido rosado.

Tuve que quedarme con esa foto. Era una de esas facetas, que como adultos,  no nos gusta que otros vean.  La vi cuando era una inocente niña... cuando aún era vulnerable.

Nunca sabré si ella se molestó porque me quedé con esa foto... o simplemente compartió conmigo un momento de su pasado. Me dio un privilegio.

Saturday, November 19, 2016

Fotografía [8.6 misoginias]



Por Jeremías Martell


Conducía mi auto.  En silencio. La radio con el volumen bajo. En alguna estación local, en donde sonaban canciones que no reconocía.

Ella estaba sentada a mi lado… también escuchando las mismas canciones que no reconocíamos. Esta sería una de las últimas veces que iríamos de juerga. Pronto ella dejaría el país. Los resultados de mis manipulaciones.

Nos encontraríamos con algunas de nuestras amistades. Las mismas que en algún momento consideré mi competencia, mis enemigos a derrotar por el amor de ella. Había ganado, los derroté, a todos y a mí mismo.

Cuando acordes que vagamente reconocía comenzaron a sonar. "Cada vez que yo me voy...". Una canción que era popular en ese momento se convertiría en el himno de la noche... de los próximos días. Los previos a su partida.

Me tomó unas docenas de segundos... largos insensibles segundos... en darme cuenta que ella lloraba. En silencio. La canción la enfrentaba a lo que sería su inmediata realidad. La de sólo poder ver a sus seres “queridos” en fotografías. De que ya no tendría a ninguna de sus amigos o familiares cerca. Para abrazarlos y besarlos. Ni poder compartir con ellos sus más íntimos sentimientos.

Estaría sola.

No dije nada. En silencio sólo tomé su mano y continué conduciendo el auto por la carretera. Sabía que una canción siempre nos recordaría ese momento. “En la distancia te puedo ver… cuando tus fotos me siento a ver “.


Saturday, October 15, 2016

Silencio [6.4 misoginias]



Por Jeremías Martell

Hay conversaciones para las que una persona nunca está preparada. Cuando ella me dijo que no podía tener hijos dije nada. Me quedé taciturno. Sólo mantuve la mirada fija en sus ojos. Sin mostrar sorpresa o pizca de “decepción”. La que todo “macho” debía expresar… la que su ex esposo y su familia le expresó.

Debí decirle algo. Palabras de conforte. Aunque parecieran vacías, si venían de una persona significativa, podrían hacer meya en un sentimiento que le atormentaba. En mi silencio ella continuó relatándome de todos los pensamientos y sentimientos que tenía. Ese sentimiento de culpa por no poder tener hijos.

-No soy una mujer completa.

Seguí callado. No sabía que decir. Debí argumentar en contra de esa noción, desmentir a todos aquellos que la juzgaron por algo que no era su responsabilidad… simplemente darle palabras de compresión o  consuelo. Esas no eran las conversaciones conocidas por mí.

Callado continué.

Saturday, October 1, 2016

Competencia [9.2 misoginias]



Por Jeremías Martell


La volví a ver en un adiestramiento del trabajo. Ella se sonrió cuando me vio. Instintivamente también le sonreí. Era una tonta y sincera sonrisa. De esas que salen espontáneamente cuando un sentimiento es evocado.

Mi compañera de ofician se dio cuenta de nuestro intercambio. Del brillo en nuestros ojos. Del subsumido aspirar hondo cuando la vi y de como ella jugaba con su cabello cuando me miraba. Las razas no se mezclan. Mi compañera de oficina plantó la bandera.

Nunca me volvió a sonreír.