Por Jeremías Martell
Bailaba. Con
una de sus amigas. Ninguno de los hombres en la barra era lo suficiente bueno
para ella. Más de uno se había acercado a nuestra mesa. Todos con la intensión
de conquistarla. De ser el macho que la lograra “levantar”.
Esta no era
una noche de dejarse “levantar”. Estaba entre amigas… y yo. Un mero accidente
en una mesa llena de mujeres. El que origino la idea de atacar una barra, ahora
era una minoría… feliz minoría.
Verla bailar.
Saber que no estaba disponible la hacía más atractiva. Una presa que había que
conquistar. Fueron muchos los que intentaron… bailar, y muchos fueron los
rechazados.
Con cada
rechazo ella me miraba picarescamente. Compartía ese triunfo conmigo, altiva y
arrogante seguía bailando. Con una pequeña sonrisa llena de perversidad.