Por Jeremías Martell
En la cama, la miraba dormir a mi lado y quería tanto
decirle:
“Te veo acostada a mi lado… Diciendo palabras que
nunca pensé que diría… Despierto y sin miedos…”
No podía… el sentimiento no estaba allí. Ella dormía a
mi lado. Cómoda y serena. Era hermoso. Era lo que todo novio, esposo o amante debería
aspirar.
No lo podía decir. Aunque las pensaba, las palabras no
salían de mi boca. No sentía ese profundo amor que debía sentir por ella.