Saturday, April 15, 2017

Epílogos [1.20 misoginia]




Habían pasado unos meses desde que nuestra relación terminó. Una vez ella decidió no continuar, yo, no miré atrás.

Jamás volví a tener contacto directo con ella. Aun así, de tiempo en tiempo su sombra aparecía en mi mente. Había cosas que cuando me las dijo, no registraron reacción alguna en mí.

“Ya no eres como antes”

“Siempre estas trabajando”

“Ya no sonríes”

Sus palabras las había echado a un lado. Como las de una niñata que no entendía lo que era tener una vida con propósito. Que el trabajo no era meramente una forma de obtener sustento. Era una vocación, una faena que daba sentido a la vida.

Me tomó meses entender que ella tenía razón. Mientras más ascendía profesionalmente, más  viajaba constantemente, más tareas asumía,  menos tiempo tenia. Menos reía. Menos hacia todas esas cosas que hacían una vida interesante.

Si, tenía más dinero, poder y fama dentro de mi profesión. Pero cada vez era menos “feliz” en el sentido común de la palabra. Porque complacido estaba con mis logros. El sacrifico que estaba haciendo era que cada vez hacia menos feliz a las personas a mi alrededor. Mi familia me veía menos, mis amistades eran olvidadas… y la mujer que en algún momento admiré, y hasta amé, ya no estaba a mi lado.

Ella tenía razón, ya no era me esforzaba  por hacerla feliz, o meramente hacerla sonreír. La sonrisa que en algún momento desesperadamente busqué.

Si fuera una mejor persona, sentiría remordimiento… haría lo posible para enmendar mi “error”.
Jamás me he presentado ante nadie como una “buena persona”. Nunca he mentido en ese aspecto… en lo que sería para muchos una encrucijada, para no lo seria. Mi profesión ha sido y será lo más importante en mi vida.

Nunca la volví a buscar…  

Saturday, March 18, 2017

La Miraba Dormir [1.8 misoginia]




Por Jeremías Martell


En la cama, la miraba dormir a mi lado y quería tanto decirle:

“Te veo acostada a mi lado… Diciendo palabras que nunca pensé que diría… Despierto y sin miedos…”

No podía… el sentimiento no estaba allí. Ella dormía a mi lado. Cómoda y serena. Era hermoso. Era lo que todo novio, esposo o amante debería aspirar.

No lo podía decir. Aunque las pensaba, las palabras no salían de mi boca. No sentía ese profundo amor que debía sentir por ella.  

Saturday, February 18, 2017

Su Tumba [8.9 misoginias]



Por Jeremías Martell


Era apropiado que nuestra relación terminara en el cementerio. Ese fue uno de nuestros lugares favoritos. Donde pasamos largas horas nocturnas… cometiendo las más profundas y deliciosas herejías.

Al mi vida alargarse, más de lo que esperaba, visitar tumbas había tomado un sentido diferente. Era ver como mis amistades dejaban de existir y se convertían en meros recuerdos. Aquellos colegas con quien compartía relaciones profesionales ya no daban sus bien intencionados consejos. Que mis familiares ya no estarían allí, sus voces jamás vueltas a escuchar.

Al tiempo pasar un sentimiento de triunfo se añadía a mis visitas a los cementerios.  El triunfo de pararte sobre el cuerpo inerte del adversario caído. Un perverso sentimiento de gloria me emborrachaba cada vez que visitaba las tumbas de mis enemigos. De ese Gran Maestro y la de su Diputado. De ese viejo alcohólico traidor… y todos aquellos que en algún momento resintieron mi ser.

Esta vez era un poco diferente…  por primera visitaba la tumba de alguien que en algún momento, por un mero instante,  amé.

Saturday, January 21, 2017

Mensajes [8.8 misoginias]



Por Jeremías Martell


Un mensaje corto fue lo que alertó de lo que pronto sucedería.

“¿Qué hiciste… la matates?”

Verdaderamente no entendía a lo que se refería. Desde que vivía en el exilio había perdido contacto con las personas que en algún momento llame “amigos”. Más importante, todos aquellos con los que no tenía ningún vínculo afectivo  ya no eran importantes. Eran fantasmas del pasado.

El mensaje era en tono de sarcasmo y mofa. Mi amiga sabia de la relación. Sabia cuan tormentosa había sido. De cómo el amor se había convertido en desprecio, rencor y odio.

No le hice mucho caso a ese mensaje. Verdaderamente la había sacado de mi vida. Habían pasado años desde que había sabido algo de ella. Casi todas mis amistades habían respetado mi deseo de no saber de ella.

Un día más tarde recibí un segundo mensaje. Igual de corto de otra persona que nos conocía.

“¿Sabes lo que le paso a ella?”

Mi reacción fue una de elación. Aunque no sabía que fue lo que había pasado. El prospecto de saber que alguien a quien odiaba pasaba penurias me alegraba el alma. Era algo trágico. Mensajes como estos sólo eran presagios de malas nuevas. No serian para mí.

Otro día pasó… y nadie más me enviaba información. Fui quien directamente le preguntó a una tercera persona.

“Qué le pasó…”

“Ella murió…”

El mensaje continuaba dando escuetos detalles de cómo el esposo la había encontrado muerta…  eso ya no importaba. A mí no importaba. Estaba muerta. Vería su tumba.

El gozo en el alma que sentí era inmensurable. Durante días el emborrachamiento de felicidad nublaba mis sentidos. No podía dejar de sonreír. De bailar. De compartir la alegría que sentía. 

Había ganado… Ella ya no sería de nadie más.