Ella está muerta.
Aun la recuerdo. Sigue viva en mi mente. Su voz. Su olor. Su caricias y reproches. Los sueños compartidos. Las metas sin realizar.
¿Cómo se puede competir con un recuerdo?
Todas las que llegaron después se han quedado cortas. De alguna forma esa idea de lo que ella fue, supera la realidad de quienes la siguieron, de la que ahora está frente a mi.
Esa mujer que es real. Que vive, siente y padece mi lado. Que me escucha. Que está ahí cuando la necesito. Que comparte sus ilusiones y emociones. Que me ama…
En mi pesar… no se compara al recuerdo de lo que ella significó.
De lo que pudo ser… de lo que nunca fue.