Por Jeremías Martell
Ella fue
fuente de celos entre mis “amigas”. En especial de una.
-¿Quién es
ella?
Fue la
pregunta que irrumpió el silencio de la habitación. Mi “amiga” estaba viendo
fotos de mis viajes. Entre docenas de fotos ella estaba allí. Una sola foto,
entre docenas. Mi “amiga” se fijó en la única foto en la que ella y yo
estábamos juntos. Un “inocente” recuerdo
de un pasadía con unas amistades. Mis amistades.
Ese día
caminábamos por la ciudad. Por un parque que bordeaba el rio y las flores de cerezo estaban renaciendo. Era
principios de la primavera y ver tantas flores era todo un evento en la cuidad.
Caminábamos entre cientos de personas que querían olvidar el invierno entre las
rosadas flores.
Mis amistades
me abandonaron. Fue gradual. Mientras más ella acaparaba mi atención, más ellos
se alejaban. No por “darnos espacio” sino porque no la toleraban. Decían que
ella no era apropiada para mí. Terminamos caminando solos entre flores.
Cuando mi
“amiga” vio las fotos sintió gran furia. No escondió su indignación. No porque
estaba con otra mujer. Sino porque me veía feliz.