Por Jeremías Martell
La volví a ver
en un adiestramiento del trabajo. Ella se sonrió cuando me vio. Instintivamente
también le sonreí. Era una tonta y sincera sonrisa. De esas que salen
espontáneamente cuando un sentimiento es evocado.
Mi compañera
de ofician se dio cuenta de nuestro intercambio. Del brillo en nuestros ojos.
Del subsumido aspirar hondo cuando la vi y de como ella jugaba con su cabello
cuando me miraba. Las razas no se mezclan. Mi compañera de oficina plantó la bandera.
Nunca me volvió
a sonreír.
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