Saturday, April 18, 2015

La Contienda [8.3 misoginia]



Por Jeremías Martell 


Iba a perder esa contienda. Ella elegiría a otro. Sabía que no era el hombre de sus sueños. No tenía ninguna de las características que ella siempre enumeraba cuando describía al hombre que debía ser su futuro esposo. Aunque ella “estaba” conmigo en ese momento sabía que no duraría mucho.

Pronto ella tomaría la decisión. De cuál, entre todos sus pretendientes, sería su futura pareja. Iba a perder. La derrota no era una opción. Si ella no me eligiera, ella elegiría a ninguno de mis contendientes.     

Ella tampoco era la mujer ideal que quería o deseaba para futuro alguno. Admito, lo que sentía por ella era sólo pasión y lujuria. Simplemente era la mujer con quien esporádicamente compartía un salón o una cama. Su elección la convertiría en algo más... en un mero peón en la gratificación de mi ego… en la “defensa” de lo que era mi orgullo de macho.

La manipularía y usaría. Utilizaría la pizca de cariño que sentía por mí  para convencerla en elegir otro camino. Algo diferente. Para los espectadores, todos sus pretendientes seriamos rechazados.  

Cambié las reglas del juego… y ella se fue.

La acompañé al aeropuerto, luego de un breve abrazo sus ojos se adornaron con lágrimas. Una añadidura a mi triunfo. Llorando se fue. Porque creía que estaba dejando al único hombre que verdaderamente la amaba. El que le dijo que se fuera a un mejor lugar. Que dejara el país.