Saturday, September 17, 2016

La Ronda [6.3 misoginias]



Por Jeremías Martell

 
Caminábamos por La Ronda. Regresábamos a nuestros hoteles. Hacia frio. Como todas las noches que estuvimos en Quito. Mientras caminábamos conversábamos, un poco juntos, pero no demasiado. La continuación de lo que se había convertido en una larga conversación que había comenzado en la cena.

Compartimos un asado, vino y hasta un canelazo. Entre todo eso ella me hizo una pregunta que no estaba preparado a contestar. Sólo la contesté. Lo cual llevó a otra pregunta y a otra... cada contestación requería una explicación… le ripostaba con preguntas que ella contestaba de forma sincera… hasta que pasamos horas hablando en un restaurante de una toreara.

Era un intercambio de lo que había sido nuestros pasados. De las experiencias que nos habían formado como personas. De esos dolores que continuarían con nosotros por el tiempo que viviéramos, y de todas esas alegrías que nunca olvidaríamos.

Compartimos esos horrendos secretos que hubieran intimidado a cualquiera. Revelando esas intimidades que nos hacían vulnerables. Todo aquello que normalmente se esconde... todo lo desplegamos por La Ronda.

La magia de estar lejos de nuestros países. De saber que no nos volveríamos a ver.

Saturday, September 3, 2016

Cortesía [9.1 misoginias]



Por Jeremías Martell 


Con una sincera sonrisa y ojos que le brillaban me dijo su nombre. Su expresión y forma de mover su cuerpo no podían esconder el coqueteo. No creo que lo quería esconder.

Estábamos en el trabajo. No entendía. No hice nada especial. Sólo me comporté como mi abuela me enseñó, como un caballero. Sólo le había abierto la puerta a una dama.

Saturday, August 20, 2016

Para quien [6.2 misoginias]



Por Jeremías Martell 

Me aprestaba a comenzar. Caminé hacia el podio de la forma más arrogante posible. Tomé posesión del mismo con una perversa sonrisa. Con la emoción del disfrute de estar frente a un salón lleno de personas que venían a verme y a escucharme hablar.

Como todo tema académico, era algo árido y hasta aburrido. Los que hablaron antes de mi fueron eficientes en su tarea. Pero, no lograron “mover”, conmover o inspirar a la audiencia. No lo haría así. Llenaría mi presentación de una “comedia” seca.  Repleta de cinismos y sarcasmos. Había diseñado toda una serie de comentarios “impropios” que incomodarían a los académicos más pulcros de la audiencia.

El salón estaba lleno de mis pares. Mis iguales en la academia. No les iba a hablar a ellos. Haría mi presentación para ella. El espectáculo que estaba por realizar era por ella.

Sentada en el medio de la primera fila, la miré a los ojos, mi sonrisa perdió su perversidad, y comencé.

Las incomodas risas de mis pares ante mis sarcasmos y cinismos; las miradas de aprobación ante mis planteamientos y los aplausos y felicitación que me otorgaron al final… muy poco me importaron. Mis colegas no eran importantes.

La sonrisa que le logré arrebatar con mis comentarios cínicos y sarcásticos, con esa comedia “seca” que ella no apreciaba o aprobaba; los destellos de interés en sus ojos por lo que estaba diciendo… sólo me importaba la aprobación que ella me daba.

Su expresión de orgullo por mí era más valiosa que todas las loas de mis pares.

Saturday, August 6, 2016

Militares [14.1 misoginias]




Por Jeremías Martell

Estábamos sentados entre amigos. Alrededor de una fogata para calentarnos, bajo una bóveda celeste. Entre conversaciones que se cruzaban. De temas variados. La mayoría sobre nuestros trabajos. Criticando a compañeros, a los supervisados y ambiente laboral.  No tolerábamos a las nuevas generaciones. Aunque éramos unos criticones... todos amábamos nuestros trabajos.
Éramos todos militares. Todos de la misma unidad, excepto yo.

Yo, era un oficial. Se nos prohibía la confraternización. Ni siquiera debía estar allí entre soldados y suboficiales. Pero mi hermano era uno de los suboficiales más estimados de su unidad. Yo sólo estaba de visita... y mi hermano me presentó a todos como el "doctor" que trabajaba en el hospital militar.

Nadie sabía que yo también era uno de ellos. Que cuando llegara el momento de la verdad, también estaría en la línea dispuesto a lo que fuera por uno de mis "hermanos en las armas".
Ella era uno de los nuestros. Tenía grandes planes.

Acaba de regresar de una movilización al extranjero. Ella no sabía cuánto la envidiaba... y la admiraba. Mis posibilidades de ir a alguna zona de combate eran nulas. Se me "necesitaba" en el hospital y ponerme en "peligro" era un riesgo que el Alto Mando no tomaba con doctores como yo.

Resentía no poder estar allí donde más se me necesitaba. Estar donde ella estuvo. Verla en acción. Presenciar las historias que ahora nos contaba.

Ahora ella quería más. Ser un mero soldado no era suficiente.

La movilización le había costado mucho. Perdió a su esposo... o más bien, su esposo la abandonó. Las distancias destruyeron la relación. En medio de la movilización, en la distancia, él se lo dejó saber. "Quiero el divorcio" le dijo casualmente en una llamada. Ella reaccionó de forma violenta. En frustración. La distancia que le impedía arreglar una relación. La cobardía del que sólo habla en la distancia.

Ahora sólo le quedaba su carrera militar. Ahora ella quería ser un oficial. Sabía cómo hacerlo... había  desarrollado un plan. Era muy posible que lo lograra. Tenía el tesón para hacerlo. Mi hermano la ayudaría... y tenía el apoyo de sus  "hermano en las armas".

Entre la fascinación y ensueño... entre amigos... la miraba con una tonta sonrisa. La de alguien que quería ser algo más que un mero "hermano en las arma".

Luego de un respiro profundo, y un trago de cerveza, me lancé al ruedo... "y el que quiera defenderla, honrado muera... y el que la abandone, no encuentre quien le perdone".

Saturday, July 9, 2016

Voyerista [5.1 misoginia]




Por Jeremías Martell
 
Bailaba. Con una de sus amigas. Ninguno de los hombres en la barra era lo suficiente bueno para ella. Más de uno se había acercado a nuestra mesa. Todos con la intensión de conquistarla. De ser el macho que la lograra “levantar”.

Esta no era una noche de dejarse “levantar”. Estaba entre amigas… y yo. Un mero accidente en una mesa llena de mujeres. El que origino la idea de atacar una barra, ahora era una minoría… feliz minoría.

Verla bailar. Saber que no estaba disponible la hacía más atractiva. Una presa que había que conquistar. Fueron muchos los que intentaron… bailar, y muchos fueron los rechazados.

Con cada rechazo ella me miraba picarescamente. Compartía ese triunfo conmigo, altiva y arrogante seguía bailando. Con una pequeña sonrisa llena de perversidad.

Esa sonrisa me arrancaba una a mí. No bailé con ella. Siempre la recordaré bailando.

Saturday, June 18, 2016

Expatriados [2.1 misoginia]




Por Jeremías  Martell
Estábamos sentados en una de las bancas de la plaza frente al Instituto Ortega y Gasset.  Una plaza pequeña entre edificios y árboles. No muy frecuentada por los habitantes de la ciudad. Ella yo sentados allí.

Fue una coincidencia que viajáramos juntos hasta Toledo. Por razones distintas para completar una aspiración parecida. La de estudiar en un país que no fuera en el que nacimos.

-Hemos venido de tan lejos.

Me comentó sin mirarme. Sentados uno al lado del otro. Muy cerca. Sin movernos. Sin mirarnos. Lo que hacíamos era mirar a las pocas personas que pasaban.

-Quien diría que estaríamos aquí… juntos.

Me dijo mientras buscaba mi mirada. Llevábamos varios meses en Toledo. Tomábamos algunas clases juntos y paseos por la ciudad imperial y por las orillas del rio Tajo. Visitábamos las catedrales, sinagogas y mezquitas. Vimos juntos por primera vez los trabajos del Greco y el abrir de la puerta de la catedral en Corpus Christi.

Hasta festejamos todo la noche sólo con la intensión de ver el amanecer. En juergas y jaras siempre estábamos juntos. Planificábamos todo, o más bien lo tramábamos. Un fin de semana por Madrid  visitando el Prado durante el día, y en la noche vino en mano por la Plaza Mayor.

Luego viajamos por todo Andalucía hasta llegar a Granada. Nuestras romerías nos llevaron a ser deslumbrados ante el Alhambra y el flamenco que se escurría por el Sacromonte.

Fuimos los mejores compañeros de viaje. Expatriados. Juntos, sentados en una banca de las plazas de Toledo.