Saturday, June 18, 2016

Expatriados [2.1 misoginia]




Por Jeremías  Martell
Estábamos sentados en una de las bancas de la plaza frente al Instituto Ortega y Gasset.  Una plaza pequeña entre edificios y árboles. No muy frecuentada por los habitantes de la ciudad. Ella yo sentados allí.

Fue una coincidencia que viajáramos juntos hasta Toledo. Por razones distintas para completar una aspiración parecida. La de estudiar en un país que no fuera en el que nacimos.

-Hemos venido de tan lejos.

Me comentó sin mirarme. Sentados uno al lado del otro. Muy cerca. Sin movernos. Sin mirarnos. Lo que hacíamos era mirar a las pocas personas que pasaban.

-Quien diría que estaríamos aquí… juntos.

Me dijo mientras buscaba mi mirada. Llevábamos varios meses en Toledo. Tomábamos algunas clases juntos y paseos por la ciudad imperial y por las orillas del rio Tajo. Visitábamos las catedrales, sinagogas y mezquitas. Vimos juntos por primera vez los trabajos del Greco y el abrir de la puerta de la catedral en Corpus Christi.

Hasta festejamos todo la noche sólo con la intensión de ver el amanecer. En juergas y jaras siempre estábamos juntos. Planificábamos todo, o más bien lo tramábamos. Un fin de semana por Madrid  visitando el Prado durante el día, y en la noche vino en mano por la Plaza Mayor.

Luego viajamos por todo Andalucía hasta llegar a Granada. Nuestras romerías nos llevaron a ser deslumbrados ante el Alhambra y el flamenco que se escurría por el Sacromonte.

Fuimos los mejores compañeros de viaje. Expatriados. Juntos, sentados en una banca de las plazas de Toledo.

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