Saturday, July 9, 2016

Voyerista [5.1 misoginia]




Por Jeremías Martell
 
Bailaba. Con una de sus amigas. Ninguno de los hombres en la barra era lo suficiente bueno para ella. Más de uno se había acercado a nuestra mesa. Todos con la intensión de conquistarla. De ser el macho que la lograra “levantar”.

Esta no era una noche de dejarse “levantar”. Estaba entre amigas… y yo. Un mero accidente en una mesa llena de mujeres. El que origino la idea de atacar una barra, ahora era una minoría… feliz minoría.

Verla bailar. Saber que no estaba disponible la hacía más atractiva. Una presa que había que conquistar. Fueron muchos los que intentaron… bailar, y muchos fueron los rechazados.

Con cada rechazo ella me miraba picarescamente. Compartía ese triunfo conmigo, altiva y arrogante seguía bailando. Con una pequeña sonrisa llena de perversidad.

Esa sonrisa me arrancaba una a mí. No bailé con ella. Siempre la recordaré bailando.

Saturday, June 18, 2016

Expatriados [2.1 misoginia]




Por Jeremías  Martell
Estábamos sentados en una de las bancas de la plaza frente al Instituto Ortega y Gasset.  Una plaza pequeña entre edificios y árboles. No muy frecuentada por los habitantes de la ciudad. Ella yo sentados allí.

Fue una coincidencia que viajáramos juntos hasta Toledo. Por razones distintas para completar una aspiración parecida. La de estudiar en un país que no fuera en el que nacimos.

-Hemos venido de tan lejos.

Me comentó sin mirarme. Sentados uno al lado del otro. Muy cerca. Sin movernos. Sin mirarnos. Lo que hacíamos era mirar a las pocas personas que pasaban.

-Quien diría que estaríamos aquí… juntos.

Me dijo mientras buscaba mi mirada. Llevábamos varios meses en Toledo. Tomábamos algunas clases juntos y paseos por la ciudad imperial y por las orillas del rio Tajo. Visitábamos las catedrales, sinagogas y mezquitas. Vimos juntos por primera vez los trabajos del Greco y el abrir de la puerta de la catedral en Corpus Christi.

Hasta festejamos todo la noche sólo con la intensión de ver el amanecer. En juergas y jaras siempre estábamos juntos. Planificábamos todo, o más bien lo tramábamos. Un fin de semana por Madrid  visitando el Prado durante el día, y en la noche vino en mano por la Plaza Mayor.

Luego viajamos por todo Andalucía hasta llegar a Granada. Nuestras romerías nos llevaron a ser deslumbrados ante el Alhambra y el flamenco que se escurría por el Sacromonte.

Fuimos los mejores compañeros de viaje. Expatriados. Juntos, sentados en una banca de las plazas de Toledo.

Saturday, March 12, 2016

Quien soy [6.1 misoginia]




Por Jeremías Martell
 
Me preguntó sobre mi vida. Ella quería saber todos los detalles de lo que hacía en la cotidianidad de un día normal. Cada minucia que me haría una persona interesante o aburrida. Una buena pareja o un mero “acompáñate” con el cual alguien podía confiar.

No le mentira. Aunque la tentación estaba allí. Ser más de lo que no era, ser mejor de lo que podía ser.

Pero, cómo decirle que estaba completamente dedicado a mi carrera profesional. Que  mis energías, tiempo y atención estaban completamente comprometidos con la visión de lo que quería ser. Que lo más importante, ante lo cual estaba dispuesto a sacrificarlo todo, eran esa metas que deseaba, e iba, a lograr.

La realidad era que muy probable sería un padre ausente, por estar trabajando en una oficina.  Que no estaría en las fechas importantes que toda pareja y familia tenía.  Donde ella, y la familia que aún no teníamos, siempre estarían en un segundo lugar.

Saturday, October 24, 2015

Departida [1.7 misoginia]




Por Jeremías Martell
 
Tenía que irme. Lo que ella me ofrecía, la vida que ella me podía dar, era una tentación. Cada día que pasaba con ella se hacía más difícil.

Mis sentimientos nublaban mi razón. Sobre todo me hacían dudar de lo que era el futuro que me había trazado. Hacia borrosa esa imagen que había construido en mi mente de donde quería estar.

Lo que ella me ofrecía era estabilidad, paz, cariño, y hasta amor. Una familia. Un futuro donde estuviéramos juntos.

Eso no era lo que siempre había considerado era mi destino. Siempre consideré la lucha, la conquista… el alcanzar la gloria como lo que un verdadero hombre debía hacer. No sucumbir a un sentimiento.

La tenía que dejar.

Saturday, October 3, 2015

Entrampa [1.6 misoginia]




Por Jeremías Martell
Ella me entrampó. No me quedan dudas de que ella lo planificó todo para que me enamorara.

Cuando regresé ella, juguetona y tal vez coquetamente, me reclamó que no la había llamado. Que llevaba semanas en la ciudad sin que me comunicara con ella. Lo cual era una media verdad, porque si la había llamado… una vez… y no intenté volver a contactarla.

Luego de un mes, fue ella quien me llamó, y me invitó a salir. Pago la cena, pero el cine lo pagué, la dignidad de un hombre. Aun así, al final de la velada fue ella quien me invitó a ir a su casa. Porque el postre estaba allí. Literalmente. Ella había pasado el día horneando confituras que comeríamos con café.

-Pensé que se me haría más difícil convencerte.

Me decía en el tren luego que ya estábamos encaminados a pasar un fin de semana en su casa.

Luego de ese fin de semana, mis amigas, abogadas, terapistas y confesoras, me decían que tuviera cuidado. Tenían razón, la ventaja de ser un observador imparcial. El lunes anterior a nuestras “salida” había terminado una relación con otra mujer, una niñata. No lo había hecho público, nadie sabía del rompimiento, que no fueran mis abogadas. Ni siquiera fue un rompimiento dramático. Simplemente me levanté de la silla, me fui, la dejé sin terminar de escuchar lo que estaba diciendo. Ni siquiera pagué la cuenta… y no le contesté alguno de sus intentos de comunicarse conmigo.

Mis amigas lo sabían. Por eso me prescribían precaución.

Ahora estaba en la casa de ella. Sentados en el sofá, tomando café y comiendo sus confituras… hablando  todo lo que no habíamos hablado en mis años de ausencia. Me aterraba lo cómodo que me sentía con ella en esa sala.