Por Jeremías Martell
Tenía que irme. Lo que ella me ofrecía, la vida que ella me podía dar, era
una tentación. Cada día que pasaba con ella se hacía más difícil.
Mis sentimientos nublaban mi razón. Sobre todo me hacían dudar de lo que
era el futuro que me había trazado. Hacia borrosa esa imagen que había
construido en mi mente de donde quería estar.
Lo que ella me ofrecía era estabilidad, paz, cariño, y hasta amor. Una
familia. Un futuro donde estuviéramos juntos.
Eso no era lo que siempre había considerado era mi destino. Siempre
consideré la lucha, la conquista… el alcanzar la gloria como lo que un
verdadero hombre debía hacer. No sucumbir a un sentimiento.
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