Por Jeremías
Martell
Estábamos sentados
entre amigos. Alrededor de una fogata para calentarnos, bajo una bóveda
celeste. Entre conversaciones que se cruzaban. De temas variados. La mayoría
sobre nuestros trabajos. Criticando a compañeros, a los supervisados y ambiente
laboral. No tolerábamos a las nuevas generaciones. Aunque éramos unos
criticones... todos amábamos nuestros trabajos.
Éramos todos
militares. Todos de la misma unidad, excepto yo.
Yo, era un
oficial. Se nos prohibía la confraternización. Ni siquiera debía estar allí
entre soldados y suboficiales. Pero mi hermano era uno de los suboficiales más
estimados de su unidad. Yo sólo estaba de visita... y mi hermano me presentó a
todos como el "doctor" que trabajaba en el hospital militar.
Nadie sabía que yo
también era uno de ellos. Que cuando llegara el momento de la verdad, también
estaría en la línea dispuesto a lo que fuera por uno de mis "hermanos en
las armas".
Ella era uno de
los nuestros. Tenía grandes planes.
Acaba de regresar
de una movilización al extranjero. Ella no sabía cuánto la envidiaba... y la
admiraba. Mis posibilidades de ir a alguna zona de combate eran nulas. Se me
"necesitaba" en el hospital y ponerme en "peligro" era un
riesgo que el Alto Mando no tomaba con doctores como yo.
Resentía no poder
estar allí donde más se me necesitaba. Estar donde ella estuvo. Verla en
acción. Presenciar las historias que ahora nos contaba.
Ahora ella quería
más. Ser un mero soldado no era suficiente.
La movilización le
había costado mucho. Perdió a su esposo... o más bien, su esposo la abandonó.
Las distancias destruyeron la relación. En medio de la movilización, en la
distancia, él se lo dejó saber. "Quiero el divorcio" le dijo
casualmente en una llamada. Ella reaccionó de forma violenta. En frustración.
La distancia que le impedía arreglar una relación. La cobardía del que sólo
habla en la distancia.
Ahora sólo le
quedaba su carrera militar. Ahora ella quería ser un oficial. Sabía cómo hacerlo...
había desarrollado un plan. Era muy posible que lo lograra. Tenía el
tesón para hacerlo. Mi hermano la ayudaría... y tenía el apoyo de sus
"hermano en las armas".
Entre la
fascinación y ensueño... entre amigos... la miraba con una tonta sonrisa. La de
alguien que quería ser algo más que un mero "hermano en las arma".
Luego de un
respiro profundo, y un trago de cerveza, me lancé al ruedo... "y el que
quiera defenderla, honrado muera... y el que la abandone, no encuentre quien le
perdone".