Saturday, March 18, 2017

La Miraba Dormir [1.8 misoginia]




Por Jeremías Martell


En la cama, la miraba dormir a mi lado y quería tanto decirle:

“Te veo acostada a mi lado… Diciendo palabras que nunca pensé que diría… Despierto y sin miedos…”

No podía… el sentimiento no estaba allí. Ella dormía a mi lado. Cómoda y serena. Era hermoso. Era lo que todo novio, esposo o amante debería aspirar.

No lo podía decir. Aunque las pensaba, las palabras no salían de mi boca. No sentía ese profundo amor que debía sentir por ella.  

Saturday, February 18, 2017

Su Tumba [8.9 misoginias]



Por Jeremías Martell


Era apropiado que nuestra relación terminara en el cementerio. Ese fue uno de nuestros lugares favoritos. Donde pasamos largas horas nocturnas… cometiendo las más profundas y deliciosas herejías.

Al mi vida alargarse, más de lo que esperaba, visitar tumbas había tomado un sentido diferente. Era ver como mis amistades dejaban de existir y se convertían en meros recuerdos. Aquellos colegas con quien compartía relaciones profesionales ya no daban sus bien intencionados consejos. Que mis familiares ya no estarían allí, sus voces jamás vueltas a escuchar.

Al tiempo pasar un sentimiento de triunfo se añadía a mis visitas a los cementerios.  El triunfo de pararte sobre el cuerpo inerte del adversario caído. Un perverso sentimiento de gloria me emborrachaba cada vez que visitaba las tumbas de mis enemigos. De ese Gran Maestro y la de su Diputado. De ese viejo alcohólico traidor… y todos aquellos que en algún momento resintieron mi ser.

Esta vez era un poco diferente…  por primera visitaba la tumba de alguien que en algún momento, por un mero instante,  amé.

Saturday, January 21, 2017

Mensajes [8.8 misoginias]



Por Jeremías Martell


Un mensaje corto fue lo que alertó de lo que pronto sucedería.

“¿Qué hiciste… la matates?”

Verdaderamente no entendía a lo que se refería. Desde que vivía en el exilio había perdido contacto con las personas que en algún momento llame “amigos”. Más importante, todos aquellos con los que no tenía ningún vínculo afectivo  ya no eran importantes. Eran fantasmas del pasado.

El mensaje era en tono de sarcasmo y mofa. Mi amiga sabia de la relación. Sabia cuan tormentosa había sido. De cómo el amor se había convertido en desprecio, rencor y odio.

No le hice mucho caso a ese mensaje. Verdaderamente la había sacado de mi vida. Habían pasado años desde que había sabido algo de ella. Casi todas mis amistades habían respetado mi deseo de no saber de ella.

Un día más tarde recibí un segundo mensaje. Igual de corto de otra persona que nos conocía.

“¿Sabes lo que le paso a ella?”

Mi reacción fue una de elación. Aunque no sabía que fue lo que había pasado. El prospecto de saber que alguien a quien odiaba pasaba penurias me alegraba el alma. Era algo trágico. Mensajes como estos sólo eran presagios de malas nuevas. No serian para mí.

Otro día pasó… y nadie más me enviaba información. Fui quien directamente le preguntó a una tercera persona.

“Qué le pasó…”

“Ella murió…”

El mensaje continuaba dando escuetos detalles de cómo el esposo la había encontrado muerta…  eso ya no importaba. A mí no importaba. Estaba muerta. Vería su tumba.

El gozo en el alma que sentí era inmensurable. Durante días el emborrachamiento de felicidad nublaba mis sentidos. No podía dejar de sonreír. De bailar. De compartir la alegría que sentía. 

Había ganado… Ella ya no sería de nadie más.

Saturday, December 17, 2016

La Niña en la Foto [8.7 misoginias]



Por Jeremías Martell


Entre cartas viejas encontré una fotografía. Maltratada con las esquinas dañadas. Sus colores ya no eran tan brillantes como en algún momento fueron.

Encontrar la foto no era sorpresa. Sabía que estaba allí. La había guardado entre esas cartas. Era mi cofre de conquistas, odios y amores. Recuerdos de muchas mujeres.

La foto era de una niña. Sonriente. Vestida de color rosado.

En sus ojos brillaba lo que sólo podría asumir era la inocencia. La que tienen todos los niños que aún no se ha enfrentado a la realidad de la vida. La inocencia que todo padre intenta preservar… esa inocencia no la conocí…

Cuando la conocí ya era una mujer. Joven y un poco alocada. De esas mujeres que te hacen sonreír de sólo mirarlas. La niña que estaba en esa foto ya no existía.

Esa foto la obtuve a pesar de sus protestas. Ella no quería que viera su foto. Mucho menos que me quedara con ella. Fui a su casa.  Su madre fue muy amable y su hermano se convirtió en mi amigo casi de inmediato.  Mientras la madre me enseñaba muy orgullosa las fotos familiares,  vi a la niña de vestido rosado.

Tuve que quedarme con esa foto. Era una de esas facetas, que como adultos,  no nos gusta que otros vean.  La vi cuando era una inocente niña... cuando aún era vulnerable.

Nunca sabré si ella se molestó porque me quedé con esa foto... o simplemente compartió conmigo un momento de su pasado. Me dio un privilegio.