Saturday, July 11, 2015

Lo que me pidió [1.2 misoginia]



Por Jeremías Martell

Fue en esa cocina donde ella me dijo por primera vez… “no me dejes sola”.  Lo único que hice, lo único que podía hacer era, sonreír amargamente. Ya la había abandonado. Cuando elegí a la universidad sobre ella… y me fui.

Había regresado luego de unos años y parecía que todo estaba como antes de mi partida. No. Estaba mejor.

Ambos habíamos madurado mucho como personas…  habíamos cambiado. Ya no éramos los jóvenes que fortuitamente nos encontramos en la gran ciudad. Ya no actuábamos desde la inmadurez o la impulsividad. Éramos un hombre y una mujer. Ambos siguiendo una visión de lo que queríamos ser y lograr.

Cuando me fui esa primera vez, ella acusó… recriminó… “me dejaste sola”. Era verdad, tengo que admitir mi culpa. Nunca me defendí y siempre me mantuve en silencio ante su reclamo.

Algo cambió. Esta vez cuando decía “sola” ya no era una acusación. Ya no me recriminaba. Parecía un pedido, pero nunca una súplica.

“Sé que te vas a ir”, me dijo una mañana. Cuando me fui esa primera vez, no dudé.  Era la decisión correcta. Lo que tenía que hacer si quería lograr el avance profesional. Mi avance. Sólo regresé porque era lo correcto para mi profesional. Con un plan y unas metas específicas que lograr. Había cumplido con mi plan, había logrado mis metas. Volver a irme era lo correcto para mi avance profesional.

Esta vez, por meros eternos instantes, había duda. Ese “no me dejes sola” en esa cocina me hacía dudar… pero al final siempre me iría.

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