Por Jeremías Martell
Ella me
descartó. Un rompimiento amable y civilizado. Nos comportamos como los adultos
que no éramos. La paz y conformidad que no sentía. Como fuere, ella tomó la
decisión. Continuamos siendo amigos.
Frecuentando los mismos lugares, compartiendo las mismas amistades y a veces compartiendo
un poco más.
Muy pronto
pasé de ser protagonista a ser un mero espectador en su vida... de su
vida.
La miraba y
admiraba como ella elegía a los que serían sus próximas parejas o tan sólo su acompáñate
de esa noche. Era testigo de cómo los “pretendientes”
la merodeaban. Hacían todo tipo de labor, espectáculo o sacrificio por atraer y
mantener su atención. Lo que fuera por complacerla.
En mi nuevo
rol. Sentado en las gradas, acariciando mi whiskey, me preguntaba… ¿Así de
idiota me vi?
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